| Orígenes
inciertos
Hay datos, que confirman que la Hermandad se fundó en la Capilla
de Santa María, dentro del Castillo de San Romualdo.
La Virgen, presumiblemente, se encontraba en dicho templo, ya a finales
del S. XVII, a juzgar por una serie de enseres que forman parte de un
inventario de 1699 de la Capilla de Santa María.
En 1713, se sabe de la existencia cierta de la imagen pues Don Diego de
Molina, Gobernador de la Isla, donó una diadema de plata a la Virgen
de la Soledad, según el Libro de Fábrica de la Capilla.
Se desconoce el motivo de la fundación. Pero, parece ser que existía
una cierta devoción hacia la imagen, como lo demuestra Don Diego
de Molina, con su regalo. Quizás un grupo de devotos, poco a poco,
fueron madurando la idea de formar una congregación y así
dar culto periódico a la imagen y, como ocurría con casi
todas las Hermandades de la época, costear el entierro de los hermanos
cuando éstos fallecieran.
Tradicionalmente, se ha considerado como fecha de la fundación
de la Cofradía el 30 de Abril de 1747. Pero, no se sabe con certeza,
quizás se haya tomado dicho día por ser el primero que aparece
en un libro de cuentas de la Hermandad, y al ser éste el documento
más antiguo que se poseía, se atribuyó como fecha
de la fundación. Pues no en vano es el primer día en que
se tenía plena constancia de la existencia de la Hermandad, como
tal.
En la Capilla de Santa María, residió la Hermandad hasta
1764 en que se traslada a una Capilla dentro de la Iglesia Mayor. Desde
entonces, permanece en este lugar. La Capilla, propiedad de la Hermandad,
fue costeada por medio de unos pagos anuales durante varios años,
a razón de 165 reales de vellón por año.
Finales
del S. XVIII, época de esplendor
La Hermandad, desde que reside en la nueva Iglesia y hasta principios
del siguiente siglo, vive una de las mejores etapas de toda su historia.
A parte, del buen quehacer de los dirigentes de ese periodo, encabezados
por D. Gaspar de Molina y Saldivar, Marques de Ureña, y Prioste
desde 1780 a 1800, probablemente este apogeo se deba a la buena situación
económica que tenía nuestra zona en tales fechas.
En esta época, hay que destacar muchísimas cosas. Se cuida
con esmero la salida procesional del Viernes Santo, son aprobadas las
constituciones oficialmente por el Obispo, se reciben unas importantísimas
indulgencias de Su Santidad el Papa y se construye un almacén para
guardar los enseres.
En efecto, se cuida con esmero las salidas procesionales del Viernes Santo.
Haciendo una descripción de lo que quizás fuera una Salida
Procesional de la época, se puede decir que la encabezaba un niño
con una campana, que probablemente la fuera tocando para avisar al pueblo
de la llegada de la procesión, le seguirían una serie de
penitentes y a lo largo del cortejo unos atributos característicos
de entonces, como eran, la banderola, el guión de gala y el farol
de pedir; y el paso de templete, con la Virgen, acompañada de un
concierto de música ( Una pequeña banda de música
de unos 18 músicos ). Y existía un acompañamiento
de la tropa.
Por otro lado, se cuidan también los cultos internos. Y destaca
la celebración en la tarde del Viernes Santo, del Sermón
de Soledad efectuado por importantes sacerdotes, entre los cuales, predicó
el Beato José Diego de Cádiz, y la interpretación
del Miserere por los intérpretes más selectos de la zona.
En 1768, el Obispo de Cádiz, Fray Tomás del Valle, pidió
que se le enviasen los primitivos estatutos, para su revisión y,
si procedía, su aprobación. Cosa que se hizo, aprobándolos
el Sr. Obispo.
Por otro lado, en 1778 D. Manuel Reina, mayordomo de la Hermandad durante
muchos años donó un solar en la calle del Oleo ( Calle San
Pedro Apóstol ) y la Cofradía construyó meses más
tarde un local, para guardar los enseres de la Cofradía. Desde
entonces, este almacén pertenece a la Hermandad dándose
el caso de ser la entidad particular que más tiempo lleva constituida,
ininterrumpidamente, en un mismo lugar en San Fernando.
El 13 de Julio de 1783 se recibió, a través del Supremo
Consejo de Castilla, una bula de su Santidad el Papa Pío VI con
unas importantes indulgencias para la Hermandad, en las que se conceden
a los hermanos distintos días de indulgencia.
En 1795 D. Jácome Parodi constituyó la Hermandad del Santo
Entierro. A lo largo de la historia, la Hermandad de la Soledad ha tenido
grandes lazos con la Hermandad del Cristo Yacente, y algún que
otro encaro. En muchísimas ocasiones, las Cofradías han
organizando juntas la procesión, costeando a medias los gastos.
En 1805, el Real Consejo de Castilla aprobó, por Real Cédula
las Constituciones de la Hermandad.
La Hermandad seguía teniendo como uno de sus fines más importantes,
a igual que la mayoría de las Hermandades de entonces, enterrar
a sus hermanos difuntos. Fin que debido a las penurias que hubo a finales
del Siglo XVIII y principios del Siglo XIX, con varias epidemias, hizo
que en distintas ocasiones la Hermandad pasara verdaderos apuros económicos.
Postguerra
de la Independencia, periodo de transición
Desde 1808, se vivió un periodo de apagamiento, que se reavivaría
en 1818.
En estos años se introduce en la Procesión del Viernes Santo,
el paso del sudario, que era un pequeño paso, con una cruz de madera
con nudos dorados, con un sudario y probablemente unas escaleras.
En 1842, ocurre quizás uno de los momentos más angustiosos
de la historia de la Cofradía, pues no en vano la Hermandad, debido
a la delicadísima situación de la zona, estuvo a punto de
extinguirse. El 26 de Febrero se recibió una orden por la que se
manda evitar toda reunión y cualquier otro acto de los que ejercía
la Cofradía, estimándose disuelta hasta que no se obtuviera
autorización del Gobierno. Afortunadamente, y gracias a la rápida
intervención del Sr. Prioste el 4 de Marzo se recibe carta por
la que se levanta la disolución. Estos son los únicos 6
días en los que la Cofradía, en toda su historia ha estado
suspendida.
En la década de los cuarenta y cincuenta D. Jose Antonio DOry,
fue el Prioste de la Hermandad. Reconciéndosele en muchas ocasiones,
a él y a su esposa Doña Gertrudis Lussón, camarista
de la Virgen, por su amor y entrega a la Hermandad.
En 1866 el Ayuntamiento, acatando órdenes superiores, pretendió
expropiar el almacén, por estar comprendido dentro de la desamortización,
pero gracias a la feliz intervención de la Junta, quedó
en un susto, y se siguió teniendo ese pequeño local.
En 1875 se aprobó nombrar a S.M. el Rey Prioste de Honor y a S.A.
la Princesa de Asturias Protectora de la Virgen.
En 1890, se compra una antigua imagen de María Magdalena y se manda
restaurar a D. Ángel Rodríguez Magallanes, que la transforma
en un San Juan Evangelista. También se confecciona un pequeño
paso, y se incorpora en la procesión, junto al templete de la Virgen
y el paso del Santo Sudario. San Juan Evangelista saldría en la
procesión hasta 1915.
Fin
de S. XIX y principios del S. XX, situación difícil
En este periodo, a igual que ocurre con la mala situación económica
y política del país, la Hermandad experimenta un cierto
apagamiento. En determinados años, se decide no salir por la precaria
situación económica, aunque eso sí siempre se respeta,
la celebración del Sermón de Soledad y la interpretación
del Miserere, los Viernes Santos y la celebración del Dulce Nombre
de María, los días 12 de Septiembre.
En 1909, se decide que la Hermandad no costee los entierros de los hermanos.
teniendo a partir de entonces como fin principal dar culto a sus Titulares.
En 1916, debido a la precaria situación económica se decide
que la Virgen salga en Misión. Esto consistía en sacar la
Virgen sin penitentes, pues desde hacía tiempo los penitentes eran
de pago, a igual que los cargadores y sin apenas adornos ostentosos, presidida
por una serie de señoras con una vela encendida. Éste carácter
de Misión lo tendría hasta 1940.
Dentro de este periodo, hay que destacar que en 1924 las R.R.M.M. de la
Enseñanza, confeccionaron el manto de salida, con el dinero que
se sacó con una becerrada, y destacar la profunda reforma y resanando
que experimentó el paso de templete, gracias al dinero obtenido
en una función de teatro, y al empuje de los Hermanos Mayores Don
Manuel Lozano y Don Antonio Reyes Baulé y del, durante muchos años,
mayordomo D. Pedro Martínez Gay.
Llegada
de D. Manuel Oliva Bascón, reorganización de la Hermandad
En 1940, se hizo cargo de la Hermandad Don Manuel Oliva Bascón.
Su mandato se caracterizó por dar un giro muy importante a la Hermandad,
transformándola por completo.
La Virgen que hasta ese momento presentaba un aspecto recogido, varió
al decidir la Junta de Gobierno que se hiciera un juego de manos abiertas
y no entrecruzadas, como era propio hasta entonces. También surge
la idea de realizar una diadema mayor que la que tenía la virgen
desde 200 años atrás.
La salida procesional varió en gran medida. Podemos decir que en
1941 hay un antes y un después en cuanto al cortejo procesional.
En primer lugar, en 1939 el templete es vendido a la Hermandad de la Merced
de Cádiz. Y por otro lado, se manda construir un nuevo paso, a
base de maderas nobles y con una sencilla y delicada talla. Al paso se
le incorpora una cruz, con el sudario y con el lema INRI. Probablemente
esa cruz fuera la que portaba el paso del Santo Sudario, que procesionó
en el cortejo procesional prácticamente en toda la vida de la Hermandad.
También a la procesión se le incorpora hermanos vistiendo
la túnica procesional y tras el paso de la Virgen se pone una banda
de música. Así desaparece el carácter de misión
que llevaba la salida procesional desde 1916.
Es destacable, el empuje que coge la Hermandad en esta época, máxime
teniendo en cuenta, que es precisamente en estos años cuando más
necesidades existía, pues acababa de terminar la Guerra Civil.
Ahora la Hermandad vive, unos años de muy buen hacer, cuidando
con esmero la Salida Procesional y los cultos internos. Es destacable
en estos años la labor realizada por la camarista de la Virgen
Doña Cristobalina López, Vda. de Reyes Baulé. Esta
señora ayudó para la adquisición de gran cantidad
de enseres de la Hermandad. Regaló muchos vestidos, aderezos y
objetos de adorno a la Virgen, regaló objetos de culto, costeó
la instalación de la corriente eléctrica de la Capilla de
la Hermandad, etc.Pero aparte de su aporte económico, hay que destacar
su entrega a la Hermandad, pues no en vano, fue la camarista de la Virgen
durante muchísimos años. Se encargaba del aderezo de la
Señora y del adorno floral en los cultos internos y en las salidas
procesionales. En estos años, de escasez de muchas cosas, pues
nos encontrábamos en la postguerra, en multitud de ocasiones Doña
Cristobalina, al no haber flores naturales con las que adornar el paso,
se encargaba meses atrás ella misma, y/o en compañía
de un grupo de amigas, de confeccionar flores de papel, que suplían
a las naturales.
En 1954, en los talleres de Angulo en Lucena, se le confecciona a la Virgen
una Diadema de Plata, la cual la ha ido portando la Virgen, en los cultos
más importantes que se han venido realizando desde entonces.
En este periodo es destacable el estrecho vínculo del Ilustre General
D. Enrique Varela
con la Hermandad. Vínculo, mantenido después de su fallecimiento,
por su viuda Doña Casilda Ampueros, Marquesa de Varela de San Fernando
y por sus hijos. Desde entonces, no ha habido Viernes Santo, en los que
esta familia no ha honrado a la Cofradía con su visita.
Años
60 y 70: Continuidad
Los años 60, también son fructíferos en el devenir
de la Hermandad gracias al empuje de D. Rafael Sánchez San Jorge,
D. Francisco Oliva Sánchez y Don José Espejo Escribano,
Mayordomo, Secretario y Hermano Mayor respectivamente.
En 1964, la Junta de Gobierno, decide realizar un sueño que estuvo
presente en la mentalidad de los dirigentes de la Cofradía durante
toda la historia de la Hermandad, y que era la construcción del
Misterio del Cristo. Desde las primeras constituciones de la Hermandad
se habla del " Descendimiento del Santo Árbol de la cruz ".La
idea era mandar hacer la talla de un Cristo Yacente y las de San Juan
Evangelista, Nicodemus y José de Arimatea y construir un paso para
portar las imágenes el Viernes Santo.
El gran imaginero sevillano D. Antonio Castillo Lastrucci, fue el encargado
de realizar tan bello grupo escultórico y Don Luis Belizón
lo fue de la construcción del paso.
Con muchísimo esfuerzo y con mucha imaginación, para sacar
el dinero necesario para su consecución, se logró que la
Hermandad sacará el Viernes Santo de 1965 el Paso del Cristo.
En los años 70, es destacable la realización de atributos
y enseres de culto.
En 1977, se crea la Junta Auxiliar, grupo de jovenes, colaborador de la
Junta de Gobierno.
Años
80 y 90: Consolidación
Es destacable la labor realizada desde finales de los 70 y los 80, por
Don Antonio Padilla Rosado, al frente de la Hermandad.
En 1981 D. Alfonso Berraquero, restaura la cabeza de la Virgen, pues ésta
presentaba diversas grietas, sobre todo en el cuello y en la parte izquierda
de la cara. Se solventó el problema, pero a recomendación
del imaginero se quitó el pelo natural, que siempre tuvo Mª
Stma. de la Soledad, esculpiéndosele pelo artificial. Se hizo así
pues según Alfonso Berraquero, la cabeza de la Virgen, tal como
se encontraba, podía sufrir en exceso en sus salidas procesionales
de la acción del peso del manto. Por otro, lado le dió una
limpieza al rostro, dejando tal cual su policromía original.
En 1985 se aprueban unos nuevos Estatutos, en los que se incluye el nuevo
título de la Hermandad. Éste se reformó, para que
fuera más acorde con la línea que seguía la Hermandad,
tanto en su espíritu, como en la representación del Misterio
en la calle.
Ese mismo año, procesiona el nuevo paso del Misterio, comprado
a la Hermandad del Santo Entierro de Paradas ( Sevilla ), y restaurado
por Don Ángel Vargas, colaborador de la Hermandad durante más
de 50 años.
Al paso del Misterio se le incorporan las imágenes de D. Alfonso
Berraquero, María Magdalena y Salomé en 1986 y Cleofás,
un año después.
En estos años es destacable, el desarrollo de los enseres que forman
parte de la procesión. En 1986 se estrena un Guión. En 1987
se estrena una Cruz de Guía, las astas de la Bandera, Estandarte
y Senatus, en 1988 se estrena el Libro de Reglas, 2 incensarios y 2 navetas.
En 1989 se hacen 20 pértigas repujadas. En 1992 se realizan las
cantoneras repujadas de la cruz. En 1993 se realiza una peana para la
Virgen en forma de pecho de paloma. En 1994 se estrena una candelería
de 44 piezas.
Finalmente, en 1995 es destacable la adquisición definitiva de
la Casa de Hermandad, la cual se compró mediante unos pagos anuales
desde 1988. |