Es comúnmente sabido que la experiencia que solemos tener muchos en los diversos grupos jóvenes o juntas auxiliares es la de la limpieza casi semanal y el trabajo extasiante que debemos llevar a cabo año tras año, hasta que conseguimos hacernos “grandes” y entrar en la ansiada junta de gobierno. Es el nuestro un grupo joven sin excepción, todos trabajamos, algunos limpian mucho y otros se consiguen escaquear alguna que otra vez, pero siempre intentamos conservar un ambiente propicio para el desarrollo de nuestras actividades y el mantenimiento de nuestra común ilusión, la de trabajar por nuestros titulares, algo que pensamos indispensable en la vida diaria de una hermandad.

Somos, por lo general, chavales con edades muy variadas, comprendidas entre los 13 y 20 años, los cuales muchos no llevan más de 2 años, y otros, los más veteranos, apenas pasamos de los 4-5 años de estancia. Con esto queremos decir que ante todo somos un grupo con dinamismo, que va evolucionando constantemente, en el que pocos nos conocíamos de antes. Esto hace que el temible paso de ser hermano de fila a miembro de este grupo sea aquí quizás algo más fácil de dar, dado que muchos hemos pasado por dicha situación, de no conocer prácticamente a nadie a formar parte de la gran familia soleana, y nos abrimos aún con más calidez a todo aquel que se une a nosotros. Realmente, una vez entramos en el grupo joven, nos damos cuenta de que fuimos algo tontos por no entrar antes, por temer a la vergüenza o por pensar el “qué dirán de mí”, todo esto es algo que ni se nos pasaría ahora por la cabeza.

Normalmente nos reunimos un par de veces al mes, según la época del año o los actos cercanos a celebrar. Son reuniones dirigidas por el presidente y el secretario, en la que lógicamente tratamos de estar con seriedad (algo a veces difícil debido a nuestras habituales ganas de juerga) y en la que todo está perfectamente estructurado, desde la lectura inicial de la palabra de Dios hasta las diversas dudas que puedan surgir entre nosotros sobre proyectos o actividades. El tesorero lleva las cuentas que podamos tener (vender camisetas en feria, hacernos equitaciones para maratones, etc) y el mayordomo se relaciona con los asuntos más comunes y cotidianos de una hermandad, que no por ello menos importantes. El resto, vocales, se encargan de aportar ideas, trabajo y más esfuerzo, aunque algo tenemos claro, y es que todos somos igual de importantes, desde el presidente hasta el último que haya entrado. Una vez finalizadas las reuniones, pasamos la mañana en la casa de Hermandad, tomando algún aperitivo, echando el rato entre nosotros o ultimando detalles varios.

En Cuaresma, la actividad se multiplica, pero debido a la cercanía de la Semana Mayor, el hecho de tener que limpiar decenas de pértigas o tener que pasar horas y horas metidos en el almacén se hace verdaderamente pasable y los momentos de complicidad y convivencia que llegamos a tener son inolvidables. El resto del año no para la cosa: con el calor y las vacaciones viene la Feria, momento en el que aprovechamos para no dejar de vernos y pasar unas buenas mañanas montando la caseta y unas mejores noches en la barra; a partir de Septiembre, se suceden los maratones, en el que aparte del equipo, muchos nos llegamos para animar y conocer personas de otras hermandades. Tenemos muchas otras actividades, como la Función a San Juan Evangelista, Patrón de la Juventud Cofrade, o los encuentros anuales entre hermandades isleñas u otros de carácter nacional. Además, participamos en procesiones como el Corpus y tenemos asignadas representaciones para asistir a las funciones de las demás hermandades, forma de ofrecer nuestros respetos a éstas y estrechar nuestros lazos de amistad.

Por aunar opiniones, podemos coincidir en que nuestra experiencia aquí, tanto entre nosotros como con los demás hermanos, es más que positiva: cada uno tenemos un pedacito de historia que nos diferencia, pero todos hemos desembocado en un camino común en el que no importa de dónde venimos sino cómo caminar juntos de forma que mantengamos el espíritu y cordialidad digno de un grupo joven como éste.